Destrucción documental y la salud

por All-Safe / 29 de Octubre de 2009

La emergencia sanitaria que se declaró recientemente en la mayor parte del planeta por motivo del virus de la influenza H1N1, hace menester una profunda reflexión acerca de los hábitos de higiene que cultivan las personas habitantes de los grandes centros urbanos.

Destruccion documental y la salud Pero no solamente ha de circunscribirse a este nocivo microorganismo, sino a toda la pléyade que amenaza cotidianamente la salud de millones de personas alrededor del mundo.

Y los ámbitos empresariales no resultan ajenos a toda esta grave situación, de acuerdo a lo que comentaremos en breve. Baste adelantar el definitivo rol que puede tener destrucción documental para prevenir núcleos de riesgo sanitario en los ámbitos industriales.

Casos de emergencia

La mayoría de las naciones, de acuerdo a su experiencia en casos de catástrofes sanitarias, saben que es preferible aprender a convivir con cierto tipo de virus y bacterias, que pretender una erradicación absoluta e imposible de tales microscópicos seres.
Por lo tanto, más que disputar deslealmente las posibles dosis de vacuna, lo que corresponde es practicar medidas preventivas que ayuden a eliminar al máximo todo riesgo posible de infección. Afortunadamente la mayoría de las personas comprende perfectamente lo delicado de esos periodos de control sanitario, y obedecen las disposiciones oficiales al caso. Sin embargo, dentro de las empresas no siempre se respetan tales recomendaciones al grado que se precisaría.

Una medida de prevención

La acumulación improcedente de documentos, por la cantidad de polvo que acumulan, son auténticos campos de cultivo de toda clase de microorganismos. Son virtuales focos de infección que pueden poner en serio peligro la salud de los trabajadores de una empresa. Los propietarios de las mismas, por desidia o desatención permiten que estas situaciones de riesgo sanitario permanezcan en sus instalaciones durante décadas enteras.

El coste que implica tomar las medidas que resolverían este almacenaje sin sentido, son mínimas a comparación de la responsabilidad moral, civil, laboral y hasta penal, que acarrearía la perdida de la salud, e incluso de la vida por parte de los empleados que se vean obligados cotidianamente a respirar en ese perjudicial ambiente.

No hay que aguardar hasta que la calamidad llegue y nos cierre las posibles rutas de escape. La destrucción segura de archivos documentales terminaría de una manera definitiva con este tipo de problemáticas que pueden trascender los ámbitos de una empresa y disgregarse para afectar incluso a personas ajenas a las labores que allí se llevan a cabo. La salud es lo primero, y hay que protegerla por todas las vías posibles y a través de los procesos más eficaces.

 
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