Hoy en día, los alcances tecnológicos que se han alcanzado en diferentes áreas han elevado considerablemente la calidad de los productos y servicios comercializados.

Un interesante recurso para medir la calidad en el servicio lograda por una empresa, es el denominado Modelo de las Eficiencias, un desarrollo teórico creado por un grupo de especialistas en administración y gestión organizacional en la década de los ochenta.

En nuestros días se considera que la clave que determina el posicionamiento de una compañía a largo plazo es la opinión que los clientes atendidos puedan brindar sobre el servicio o producto que hayan recibido.

Existen actividades humanas que están encaminadas a solventar ciertos requerimientos prácticos. Son acciones que se destacan por su especialización, por su atención concentrada en cierto aspecto de un problema, o trámite, con el fin de resolverlo con la máxima eficiencia.

Resulta habitual la queja de de la gente acerca del tiempo que lleva realizar ciertos asuntos. Las sociedades contemporáneas son las sociedades de lo instantáneo, dinámicos núcleos de vida en incesante latir.

Un error frecuente que se comete en los asuntos relacionados con las empresas es el de medirlo todo desde una perspectiva demasiado elevada. Y es que de acuerdo a la dinámica que se desarrolla en el mundo contemporáneo, por la influencia de la globalización y sus consecuencias, no hay asunto que pase desapercibido como parte de un fenómeno más complejo.

Las empresas son como proyectos de vida, y una vez que dan inicio, por mucho que se intente darles marcha atrás, resulta muy difícil lograrlo por todo lo que se ha acarreado como consecuencia de las decisiones tomadas.

 
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Pocos sectores industriales hay tan dedicados a las necesidades de los clientes como el de la destrucción documental. Si bien otras empresas buscan ofrecer sus servicios casi improvisadamente y de acuerdo al arbitrio de las circunstancias, en la protección de la confidencialidad y la seguridad ejecutiva, esto sucede de una manera por completo diferente.

Podría pensarse que la mejor manera de organizar un espacio administrativo es acumulando todos los elementos posibles. Incorporar el mayor número de objetos, procurando no dejar nada excluido, podría ser una buena estrategia a corto plazo. Pero eventualmente llega el momento de las necesarias revisiones, cortes y auditorías.