En última instancia, al practicar una depuración responsable de archivos documentales, lo que estamos realizando es una acción de fomento moral. Parecería que fuera justamente lo contrario, que ante la poca honradez demostrada en algunos casos por ciertas personas, lo que se buscara es protegerse ante tal falta de ética y valores.

Destinar una mínima parte del presupuesto de una empresa para la destrucción documental podría parecer, a ciertas personas de corta visión, un asunto superfluo e innecesario. Sin embargo, un análisis en profundidad sobre el tema, nos muestra la importancia de practicar una sana depuración de archivos, y más importante aún, de saber qué hacer con lo que se pretende desechar.

Día a día los acontecimientos relacionados con la destrucción segura de archivos documentales se van sucediendo alrededor del mundo. Conocerlos resulta sumamente valioso, puesto que nos brinda una pauta para calcular los eventuales riesgos surgidos por no asumir las medidas necesarias para proteger la privacidad personal o empresarial; y también es útil para tomar la mejor elección en el momento de elegir un prestador de este servicio, como por ejemplo, la compañía All-Safe.

El ámbito de la destrucción de archivos y documentos ha dejado de ser cuestión solo de algunos técnicos involucrados en estos procesos, o dueños de compañías preocupados de cómo cuidar la privacidad de sus negocios.

El hecho de que se produzcan quebrantamientos en los datos de una empresa no sólo puede originar un escándalo en el ámbito público, sino que también pueden provocar enormes gastos que no se encontraban dentro de la planificación de la compañía.

Según un informe del Instituto Nacional de Estadística (INE), el lugar de España donde se produce un mayor reciclaje de papel es en la Comunidad Navarra, una de las zonas que más cuida y se preocupa por mantener la estabilidad del Medio Ambiente.