No hay mayor fundamento para la esperanza de un país que la cultura y la educación.

Cada vez se hacen más complicados los retos que deben encarar las instituciones educativas de nuestro tiempo. No solo deben identificar lo más valioso de las sociedades actuales para promoverlo entre las nuevas generaciones, sino además, instruir a estas últimas con procedimientos de autocrítica que produzca que ese mismo bienestar tenga sea sostenido y creciente.