Aunque parece una labor sencilla y superficial, de ningún modo lo es. De hecho, la destrucción de archivos es una tarea delicada y de profundas implicaciones.

Como todas las cosas y en especial lo que puede considerarse como más importante para el ser humano, la destrucción documental tiene su filosofía.

De muchas y variadas maneras el pensamiento de Edmund Husserl ha demostrado su gran valía.

Vale la pena reflexionar entre las diferencias del trabajo individual y la labor que se realiza en conjunto.

A veces se tiende a observar el mundo de los negocios con un excesivo pragmatismo.

La productividad es la clave para un futuro más próspero. La tendencia del mundo señala hacia la complejidad, hacia el crecimiento, hacia la trasformación.

Los valores que rigen los derroteros de las sociedades requieren de ciertas singulares circunstancias para desarrollarse plenamente. Si bien la vivencia ética sólo puede cobrar sentido desde una perspectiva individualizada, lo cierto es que la moral, la estructura en la que se dinamizan los valores, únicamente puede erigirse a partir de un compromiso masivo.

 
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El sentido de la destrucción documental, todo lo que puede representar para la prosperidad de una compañía, es posible identificarlo en algunas meditaciones de filósofos y célebres intelectuales. Vamos a comentar estas perspectivas acerca del universo de los negocios y su estrecha vinculación con la eliminación responsable de documentación obsoleta.

Cualquier proyecto empresarial requiere de una labor en dos frentes: uno exterior, de cara a los consumidores y las otras empresas, y otro interior, orientado a todos los colaboradores que mantienen funcionando a una entidad productiva.

La destrucción de archivos documentales es una valiosa herramienta para las empresas. Pero tal utilidad no queda restringida a lo meramente operacional. La capacidad para retirar obstáculos físicos, en este caso legajos de oficios y papeles obsoletos, tiene como positiva consecuencia una intensa liberación de lastres mentales.

Es de resaltar como personas de gran inteligencia que no son empresarios, pueden aportar brillantes opiniones sobre temas relacionados con el universo de los negocios.

Ciertas reflexiones acerca de los negocios, al ser analizadas desde el sentido que cobra la destrucción responsable de archivos documentales, arrojan consecuencias de especial relevancia.

Desde los días lejanos de la Grecia antigua los filósofos discutían acerca de la posibilidad del movimiento y de la factible supremacía del devenir en contra de la inmovilidad del ser verdadero.

Los negocios marchan mejor si se los piensa a fondo antes de desarrollarlos. La visión de las grandes transacciones logradas al calor de las corazonadas y de las intuiciones, de la competencia vertiginosa y de las pugnas heroicas es parte de una perspectiva romántica del ámbito de las empresas que ya no tiene fundamento ni vigencia plausible.

La destrucción de archivos documentales puede coadyuvar al desarrollo de un modelo de pensamiento fructífero y generador de prosperidad. Su dual importancia como etapa culminante y posible iniciadora de un proceso sitúa a este servicio como un elemento estratégico indispensable para las empresas y organizaciones en general.

La noción filosófica de “cuidado” acuñada por el pensador alemán Martin Heidegger puede ser adaptada a los entornos empresariales con gran provecho.

Todo tiene una razón de ser, o por lo menos debería de tenerlo. Esto es lo que comúnmente se cree. Sin embargo, en el ámbito de las empresas, ¿realmente es así? Vale la pena considerar un negocio y las condiciones que lo han concretado como si se trataran de dos fenómenos distintos.