Uno de los varios aspectos positivos que se han derivado de la implementación de la Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD), es la estricta conminación que ha hecho a las diferentes organizaciones y entidades productivas para que tengan perfectamente ordenados los datos bajo su resguardo.

Generalmente, se tiene una visión demasiado rígida de las actividades empresariales. La sistematización de las labores de una entidad productiva implica un orden riguroso, una estructura de acciones a realizar que no puede alterarse a riesgo de estropear sin remedio todo el trabajo realizado hasta el momento.

Las vías para lograr altos niveles de calidad en el servicio dentro de una organización son muy variadas.

Aunque parece una labor sencilla y superficial, de ningún modo lo es. De hecho, la destrucción de archivos es una tarea delicada y de profundas implicaciones.

Como todas las cosas y en especial lo que puede considerarse como más importante para el ser humano, la destrucción documental tiene su filosofía.

De muchas y variadas maneras el pensamiento de Edmund Husserl ha demostrado su gran valía.

Hoy en día, los alcances tecnológicos que se han alcanzado en diferentes áreas han elevado considerablemente la calidad de los productos y servicios comercializados.

 
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A veces se tiende a observar el mundo de los negocios con un excesivo pragmatismo.

Todo proceso de aprendizaje implica una serie de ensayos, de tentativas, que inicialmente pueden acarrear fallos e imprecisiones. Pero son justamente tales desaciertos lo que vale la pena rescatarse de ese entrenamiento.

Una de las herramientas administrativas más valiosas y que guarda un estrecho vínculo con la destrucción de archivos obsoletos es la gestión documental. Bajo esta noción se engloba al grupo de normas, procedimientos y métodos utilizados para administrar el flujo de documentación dentro de una entidad organizada.

La productividad es la clave para un futuro más próspero. La tendencia del mundo señala hacia la complejidad, hacia el crecimiento, hacia la trasformación.

El sentido de la destrucción documental, todo lo que puede representar para la prosperidad de una compañía, es posible identificarlo en algunas meditaciones de filósofos y célebres intelectuales. Vamos a comentar estas perspectivas acerca del universo de los negocios y su estrecha vinculación con la eliminación responsable de documentación obsoleta.

Quien ha trabajado en una oficina sabe que no es un trabajo tan sencillo como parece. Cada oficio tiene sus gajes, y solamente las personas que se han dedicado de lleno a las labores administrativas saben de los desafíos y dificultades que ello implica. Sin embargo los mandos y directivos tienen conocimiento de que en muchas ocasiones el personal de oficina se relaja demasiado cuando adquiere un excesivo dominio de su labor.

Cualquier proyecto empresarial requiere de una labor en dos frentes: uno exterior, de cara a los consumidores y las otras empresas, y otro interior, orientado a todos los colaboradores que mantienen funcionando a una entidad productiva.

La destrucción de archivos documentales es una valiosa herramienta para las empresas. Pero tal utilidad no queda restringida a lo meramente operacional. La capacidad para retirar obstáculos físicos, en este caso legajos de oficios y papeles obsoletos, tiene como positiva consecuencia una intensa liberación de lastres mentales.

Es de resaltar como personas de gran inteligencia que no son empresarios, pueden aportar brillantes opiniones sobre temas relacionados con el universo de los negocios.

Ciertas reflexiones acerca de los negocios, al ser analizadas desde el sentido que cobra la destrucción responsable de archivos documentales, arrojan consecuencias de especial relevancia.